En un rincón de la ciudad, bajo la luna, los hombres espejos emergen. Sus cuerpos reflejan destellos de luz, y al compás de la mejor música, danzan en sincronía.
Sus movimientos son hipnóticos, como si atraparan fragmentos de sueños rotos. Los espectadores contienen el aliento, expectantes y hechizados queriendo imitar sus movimientos. Así, en ese fugaz instante, los hombres espejos se convierten en un enigma danzante que desafía la realidad.